En este contexto, el riesgo se define como la posibilidad de pérdida o daño que puede sufrir una entidad vigilada. Esto ocurre debido a su propensión o vulnerabilidad a ser utilizada —ya sea de forma directa o a través de sus operaciones— como un instrumento para fines delictivos, tales como:
Cuando una entidad es utilizada para estos delitos, su reputación, su estabilidad económica y la confianza de sus clientes corren un grave peligro.